Abriendo obturador: Bahías titiriteras

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Bahías titiriteras

Cienfuegos es una ciudad hermosa. La más hermosa de Cuba, dicen, y aunque yo no lo creo, es justo reconocer su encanto infinito. Entre los días 26 y 30 de Marzo sesionó al borde de la bahía cienfueguera la Fiesta de Teatro para Niños y Jóvenes – coordinada por la Assitej Cuba – que hizo coincidir a los foráneos habaneros Teatro La Proa con Romance en charco seco y Burrerías, Teatro de La Villa con El príncipe que jugaba a las casitas, y el Estudio Teatral La Chinche con Especiales; los pinareños Titirivida con Historias de payasos y A donde van los ríos, y Teatro Alas con Pepe y la Chata; los matancerosTeatro Papalote con Caperucita Roja Rojita y Los payasos desordenados y cuadrados, y Teatro El Portazo con Semen; con una amplia representación de Cienfuegos en Teatro Luces, Teatro de los Elementos, Guiñol de Cienfuegos, Carro de Tespis, Teatro Caña Brava y Velas Teatro. Cada grupo enfocado en el trabajo para niños y jóvenes desde una óptica, estética y prioridades temáticas diferentes, presentó propuestas más o menos elogiables, pero que demuestran un importante quehacer en este sentido.

Más hermosa que la ciudad es su gente. Fue maravilloso verlos trabajar como si fuéramos todos una gran familia – que lo somos, pero qué bueno saber que todos lo sienten así – sin que importara la clasificación teatral que tuviera cada cual.

Sin embargo, un sabor raro me queda en el pecho después de la jornada y – aunque prometí no indagar en detalles en este artículo- luego de conocer siete de las obras en el festival, considero necesarias algunas letras.

Lo bueno: creer en la inocencia como una especie en peligro de extinción, cuya búsqueda y conservación es tarea ardua, dignificadora y plausible. Lo malo: creer en la inocencia como solución eternamente efectiva y fresca, porque puede conducir peligrosamente a la mediocridad. Me explico: ¿Hablar a los espectadores sobre la necesidad de rescatar la inocencia en la mirada de niños y jóvenes? Bien. ¿Teatralizar la inocencia en personajes niños en función de una posible katarsis que nos devuelva los juguetes perdidos? Bien. ¿Asumir el teatro como un juego inocente donde improvisamos y representamos zonas de supuesto conflicto? Mal. ¿Pensar inocentemente a los personajes niños con las mismas fórmulas de hace 40 años? Mal.

Es elogiable el intento, pero no puede uno pasar la vida entera intentándolo. ¿O me equivoco?

El teatro no es un juego inocente. Nunca lo ha sido ni lo será. El teatro es la carne del actor en llamas, sin tener que incendiar necesariamente un tabloncillo. El teatro es presentar más que representar. Es creer en la no preexistencia de los personajes y defenderlos cada día en un intento sangrado de ser mejores profesionales, o quizás de mejorar el mundo. Hasta eso hay. El teatro es de esas pocas posibilidades humanas que nos quedan de ver frente a nosotros un pedazo de vida, y tocarlo, y olerlo, y sentirlo cara a cara. De verdad. No se puede jugar a improvisar. No se puede jugar con el tiempo de los otros. No se puede pretender la posesión de tesoros que ya todo el mundo posee. Cienfuegos abrió las márgenes de su bahía para recibir a los títeres de otros lares. Revirtamos entonces la metáfora y transformemos nuestras lagunas en hermosas y perladas bahías titiriteras.

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