Abriendo obturador: El viejo, el mar y la ciudad de Cojímar

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Por Luis Toledo

Del mar sale el viejo a las calles de Matanzas.Y de Matanzas a Cojímar. Es el Mirón Cubano el que ha retomado la novela original de Hemingway para hacerla teatro.Ha sacado los títeres de Adam ¿? a las calles de la ciudad – esa en que el autor gestara “El viejo y el mar”- en una especie de teatro itinerante que evoca en el espectador la misma travesía que hiciera el viejo en su lucha con el pez espada.

Es “El viejo y el mar” una propuesta que descansa en la estética de lo corroído, de lo inacabado, de lo destruido por el tiempo. Pareciera que los títeres, protagonistas del performance callejero, hubieran hecho ese viaje mil veces antes. Son muestra del cansancio de ese veterano perseverante que decide llevarse su trofeo a casa por cualquier precio.

Varios son los que se acercan a vivir esta experiencia que rompe con lo cotidiano de la ciudad. Es el arte desbordado a la calles, la salida en busca de ese público que no se ha acercado al teatro. Una motivación para los transeúntes que no emprenden una batalla contra la rutina del día a día. Algunos dejan sus tareas y se dejan guiar por el camino trazado por Pancho Rodríguez a bordo de su humilde bote, construido con pedazos de madera vieja. Otros observan lo que les permite el lugar donde se encuentran emplazados y continúan su tarea. Eso ha sido suficiente, es el regalo invalorable que hace El Mirón a la ciudad de Cojímar, en sus celebraciones por el XV Coloquio Internacional sobre el Premio Nobel de Literatura.

Una motivación, una provocación al cambio desde su discurso de tenacidad, otra vez protagonizada por los títeres; otra vez muestra de la efectividad de su metáfora ya sea en calle o en teatro; otra vez mezcladas la calidad fotográfica del espectáculo y la funcionalidad del diseño. Y suerte amplia la de esta vez encontrada en las curvas de Cojímar: pueblo de pescadores transformado en magia, en evocación, en homenaje vivo que se expandió desde los pies de la estatua de Hemingway, hasta el vuelo peligroso de unas aves titeriles inmensas que recordarán siempre el peligro del mar, y la férrea ilusión del viejo.

 

 

 

 

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