Abriendo obturador: Títeres al Centro

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Texto y fotos: Sonia Teresa Almaguer

Aunque al principio la frase que titula este artículo me hizo pensar en una voz de mando, en una ordenanza militar, en realidad fue la clarinada que, desde la capital avileña, desató la convocatoria a la V Jornada Teatral Títeres al Centro; convocada por el grupo Polichinela y auspiciada por la Asociación Hermanos Saíz local. Reunidos del 3 al 7 de noviembre llegaron titiriteros procedentes de nueve provincias y 12 agrupaciones teatrales, secundados por la primera delegación internacional en la historia del evento, integrada por tres artistas procedentes de Argentina y Uruguay.

Además de cumplir con el objetivo principal de promover y exhibir el trabajo creativo del género titiritero, la jornada rindió homenaje a Teatro de Las Estaciones, representado esta vez por Burundanga, puesta en escena sobre el texto homónimo de Luis Enrique Valdés Duarte, protagonizada por Sara Miyares y Marybel García Garzón,   dirección artística de Rubén Darío Salazar, y diseños de Zenén Calero, líderes indiscutibles del afamado colectivo matancero. Como para acentuar la intensidad del homenaje, Burundanga se convirtió en el gran suceso del evento robando la atención de todos y abarrotando en dos ocasiones la sala Abdala, sede habitual del colectivo anfitrión. La obra cuenta, en clave de ficción, el momento en que Lola (Flores) es requerida por Celia (Cruz) para grabar, en Nueva York, una canción de letra ambigua, que Celia se empeña en explicar, contribuyendo así a revelar la similitud de aquella guaracha pegajosa con las historias de vida de ambas divas. Toda esta divertidísima trama, defendida con acierto por ambas actrices, se refuerza gracias a la funcionalidad de los muñecos y vestuarios a que nos tienen acostumbrados Zenén Calero y Teatro de Las Estaciones.

El evento incluyó espacios alternativos de presentación y llevó la magia de los títeres y la intensidad interpretativa de los actores hasta plazas, escuelas y comunidades distantes de la ciudad cabecera. El público asistente, incrementado notablemente gracias a esta iniciativa de programación, pudo disfrutar de un variado programa temático, así como de la representación teatral mediante múltiples técnicas de manipulación titiritera.

Argentina nos trajo interesantes actuaciones y uso de técnicas de manipulación poco frecuentes entre nosotros. El dúo de las hermanas Ana y Celia Fernández, de Sotavento Teatro, mostraron ingeniosidad en sus dos historias para niños y adultos. Teatro Tongo, representado por las doctoras Ana Chisari y Paulette Pauletta, conjugaron sus habilidades actorales con narraciones de gran carga psicológica, incidiendo notablemente en la susceptibilidad del espectador. Teatro Andiamo llegó a Ciego de Ávila de la mano de Javier Matioli, actor uruguayo radicado en Buenos Aires, quien presentó Los intereses creados, con impresionante agilidad y destreza titiriteras, y gracia minimalista en el cambio de los elementos que caracterizaban a cada personaje. Aun cuando la presencia de estos grupos obedeció más al azar que a una curaduría consciente de los organizadores, esta pequeña muestra foránea constituyó, por su calidad y diversidad, el principal acierto de la jornada.

Entre la muestra nacional destacó el Guiñol Nacional, representado por su director, Armando Morales, con su versión de El panadero y el diablo, de Javier Villafañe, y por la actriz Sara Elena Chacón, con el unipersonal Ochún y el espejo mágico, con libreto de René Fernández y dirección del Maestro Morales. Se sumaron a la muestra nacional los grupos Andante y la Guerrilla de Teatreros, de Granma; Alánimo, de Santa Clara; Macus Teatro, de Santiago de Cuba; Teatro Primero y Polichinela, de Ciego de Ávila; Tocororo y Teatro del Puerto, de La Habana; y los guiñoles provinciales de Camagüey y Guantánamo.

Sin ánimo de calificar la efectividad de la muestra presentada ante el receptivo público avileño, me referiré brevemente a la calidad visual de la misma. Mi relación con las artes visuales, específicamente con la fotografía, me permite apreciar aspectos de composición, iluminación y diseño, herramientas conceptuales no siempre bien consideradas en la conformación de los espectáculos. Pese a tratarse de aspectos que todo el mundo reconoce como esenciales para la efectividad de una puesta en escena, es notable la subestimación de las aristas correspondientes por la inmensa mayoría de los grupos participantes, especialmente en lo que respecta al diseño y fabricación de muñecos, vestuarios y elementos escenográficos. Con la honrosa excepción de algún que otro espectáculo, se evidencia falta de creatividad y cuidado en estos temas, así como en lo concerniente a los diseños de iluminación, divorciados por lo general de las intenciones dramáticas del texto y del ritmo y la intención compositiva de las puestas en escena. Más allá de las dificultades materiales, que efectivamente afectan, es demasiado evidente el facilismo composicional y la impericia para sacar el máximo de funcionalidad y belleza de los materiales disponibles para la construcción de muñecos y accesorios, todo lo cual evidencia carencias en el ámbito de lo estrictamente artesanal y falta de preparación del personal que asume estas tareas concretas, decisivas para elevar la calidad estética de cualquier puesta en escena.

Es loable la labor organizativa de los anfitriones, encabezados por su director Yosvani Abril, quienes durante el evento se desdoblan en productores, utileros, edecanes y administradores de los escasísimos recursos disponibles para atender y facilitar el trabajo a los visitantes. Si no bastara con la diversidad y amplitud de la muestra titiritera, valiosa muy a pesar de sus limitaciones, la consagración y tenacidad de este joven colectivo sería razón más que suficiente para concitar un apoyo mayor del que hoy disponen, y una mayor participación concreta de las organizaciones políticas e instituciones culturales de la provincia. El enorme esfuerzo de los Polichinela se vio recompensado, no obstante, por la permanente afluencia de público a los diferentes espacios de presentación y, muy especialmente, a La noche más larga del Títere, actividad de cierre donde cada grupo adaptó alguna de sus obras a las condiciones de escenarios alternativos e infrecuentes para la representación titiritera.

La alegría y constancia de los niños y adultos que acompañaron a todos los grupos invitados hasta bien entrada la noche, me hicieron entender el verdadero sentido de aquella voz de mando que ojalá resuene en lo adelante al interior de la comunidad cultural avileña, y se traduzca en apoyo real y objetivo a una de las experiencias más valiosas de la escena titiritera nacional, representada y defendida con uñas y dientes por la aguerrida tropa del Polichinela, y por los trabajadores y técnicos de su cuartel general, la sala teatral Abdala.

 

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