Abriendo obturador: Ernesto Parra y el camino para volver a ser niños

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Por Dunielys Díaz Hernández

Para Ernesto Parra, director de Teatro Tuyo de las Tunas y brújula de la estética del Clown en Cuba, desde que venimos al mundo, todos somos potencialmente payasos. Dicho así, pudiera parecer fácil o una condición inherente, pero todo se complejiza cuando agrega “que solo se trata de volver a ser niños”, entonces se convierte casi en oficio de alquimistas.

Recientemente llegó a Matanzas convocado por Rubén Darío Salazar para impartir un taller sobre el arte clownesco en la Sala Pepe Camejo, o mejor, para compartir los faros que ha descubierto Teatro Tuyo en una travesía de 18 años. Porque Ernesto habla sin aires de academia (aunque tanto se precise una escuela cubana de clown), lo hace desde la sencillez sin jerarquías, como un niño que ha descubierto después de tanto desmontarlo cómo funciona un juguete.

“El payaso no es otra cosa que un niño en sus tres primeros años de vida. Justamente con el taller intentaremos regresar a la infancia, a perder el miedo al ridículo y a las torpezas,  a despojarnos de prejuicios. Es un camino de búsqueda interior, no para encontrar un personaje e interpretarlo,  sino para encontrarlo dentro de ti, porque lamentablemente hemos crecido, somos adultos y perdimos el payaso.”

Quizás por eso uno de los primeros ejercicios fue recordar lo que más se extrañaba de la niñez hasta lograr identificarse con un tipo de payaso. Todos andamos por la vida con algo de clown dentro: el serio Cara Blanca, el Augusto triste y sentimental, el Arlequín inquieto y   el Tony puro despiste.

Sin embargo, lograr que en escena una acción sea cómica, inesperada, exagerada, ridícula y absurda (las cinco categorías del clown) puede ser un largo camino de aprendizaje. Ya lo dice Ernesto Parra, quien confiesa haberle tomado alrededor de 15 años perfilar su payaso Papote.

Cada día del taller implicaba nuevos desafíos, incluso para actores de la talla de Iván García o la actriz María Laura Germán, quien comentó cuán complicado era desprenderse de todas las costumbres del teatro, desaprender ciertos detalles que en el clown son diferentes.

“Se actúa con el público, no para el público. Se le mira a los ojos al espectador buscando aprobación o refugio y no a un punto perdido entre ellos como suele ser en otro tipo de obras. No se finge ser payaso, se es realmente un payaso. Por eso tal vez sea tan complicado, porque es más fácil caracterizar a otro que caracterizarnos a nosotros mismos.”

Una nariz roja, un maquillaje de estrellitas pintadas en la cara y un nombre barato aparentemente gracioso no te hace payaso. Con tantos autoproclamados cobrando las payasadas en fiestas de cumpleaños o en otros espectáculos, el taller impartido por Ernesto Parra de manera gratuita debió haber sido más numeroso.

Pero eso es cosa que preocuparía a nosotros los adultos, porque Papote se entregaría del mismo modo con más o menos aprendices. Claro, siempre en movimiento en esa búsqueda infinita, pues como él mismo advierte: “si todos fuésemos niños, yo no estaría hablando tanto, ni ustedes estuviesen tan tranquilos.”

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